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Ley ómnibus: el centro estratégico que arbitra el partido de Javier Milei

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La victoria de Javier Milei los ubicó en un lugar protagónico. Con un grupo heterogéneo de diputados, Emilio Monzó logró concretar su viejo anhelo, el armado de un espacio de centro que represente a las provincias, imponga criterios y condicione de forma tal las negociaciones que La Libertad Avanza (LLA) no pueda prescindir de su colaboración para el futuro de la ley ómnibus.

“Si el Gobierno quiere sacar dictamen, se tendrá que acercar a firmar el de los bloques que estamos dispuestos a darle esta herramienta”, resumió en las últimas horas, palabras más palabras menos, Nicolás Massot, para graficar el peso de Hacemos Coalición Federal (HCF) en las conversaciones por la aprobación del megaproyecto que el oficialismo pretende llevar al recinto la semana próxima para exhibir como su primer triunfo político.

Será una victoria a medias. La oposición más colaborativa ya dejó en claro que está dispuesta a aprobar –con muchos cambios- los títulos del proyecto que gravitan específicamente sobre cuestiones económicas, pero pedirá la exclusión de las modificaciones al Código Civil y los artículos que refieren a cultura, educación, cuestiones electorales, ambiente y salud.


La poda será significativa para las pretensiones originales de Milei, que intentó avanzar de prepo, en absoluta minoría, con una reforma integral inédita, que abarca prácticamente todos los aspectos de la vida ciudadana y que gritó a los cuatro vientos, desde el primer día, que no daría marcha atrás ni negociaría. “Si es a todo o nada, será nada”, avisó la socialista Mónica Fein, otra de las integrantes del bloque de 23 integrantes que tejieron Monzó y Massot y que conduce formalmente Miguel Ángel Pichetto.

Del proyecto original quedará, sin embargo, el objetivo central del Gobierno, compartido por una gran parte de la oposición dialoguista: el equilibrio fiscal, que se conseguirá por diferentes vías, según quién termine por imponerse en la discusión. Hacemos Coalición Federal y la UCR ya avisaron que no acompañarán la suba de retenciones y proponen vías alternativas de financiamiento, como el fin de regímenes impositivos de excepción. En la lista hay varias opciones que surgen de la separata que envió Sergio Massa, cuando era ministro de Economía, con el Presupuesto 2024.
De regreso a octubre
Monzó y Massot empezaron a cranear el armado del nuevo bloque después de las elecciones generales de octubre, cuando la segunda vuelta presidencial quedó definida entre Massa y Milei. El expresidente de la Cámara de Diputados ya se había despegado de Juntos por el Cambio (JxC) a fines de 2021, cuando armó una bancada propia junto a Margarita Stolbizer, Sebastián García de Luca y Domingo Amaya.

El recambio de 2023 le abrió la puerta al divorcio definitivo de Mauricio Macri y a la posibilidad de construir el espacio por el que bregó, sin éxito, cuando conformaba, junto a Rogelio Frigerio y Massot, la pata dialoguista del gobierno del líder del PRO, que llevaba las relaciones con los gobernadores peronistas. Después de perder la reelección, en 2019, Macri los señaló como los responsables del fracaso de su proyecto político.

Tras el triunfo de Milei, la dupla que conforman Monzó y Massot logró armar en Diputados un bloque variopinto integrado por 23 legisladores, que incluye a socialistas, exPRO, representantes del cordobesismo, Ricardo López Murphy, Stolbizer, Pichetto y la Coalición Cívica. Un espacio con intereses diversos, influenciado directamente por cuatro gobernadores, Martín Llaryora(Córdoba), Frigerio (Entre Ríos), Maximiliano Pullaro (Santa Fe) e Ignacio Torres (Chubut), a los que suma Elisa Carrió.

Llaryora, Frigerio y Pullaro ya asoman con proyecciones de eventuales candidaturas nacionales. Massot y Monzó no ocultan que trabajan para que algún día el gobernador de Entre Ríos se siente en el sillón de Rivadavia. Llaryora hace su propio camino y los diputados del espacio le reportan directamente. El santafesino tiene fichas puestas en diferentes ventanillas de negociación. En Hacemos tallan los socialistas Fein y Esteban Paulón. En la disputa con la Nación, Pullaro también juega con el presidente de la UCR, Martín Lousteau, y con el titular del bloque en Diputados, Rodrigo de Loredo.

Todos se perfilan para la pelea nacional en el camino del centro, al que parte de la dirigencia apuesta a que se llegará después del huracán ultraderechista de Milei y de la larga experiencia kirchnerista más ligada al progresista. También parte del peronismo vislumbra ese futuro, donde aspiraba a moverse Massa en un eventual triunfo. En el bloque Hacemos saben que, de haber ganador las elecciones, el excandidato presidencial de UP hubiera intentado cooptarlos desde el inicio.

Desde afuera del Congreso también influye Elisa Carrió, que tiene como representante directo a Juan Manuel López. Lilita fue la primera en advertir que Macri se encaminaba a cerrar un acuerdo político con Milei y que aplicarían un “ajuste brutal” sobre la clase media. Fue en junio de 2023, antes de las primarias, cuando empezó el principio del fin de Juntos por el Cambio. Carrió levantó la misma bandera que hacen flamear Monzó y Pichetto. “Siempre estuve en el centro. No me corro de ahí, aunque se corra el 90% de la Argentina”, le dijo en julio a La Nación.

Por recorrido histórico y experiencia en el recinto, Pichetto fue el elegido para presidir la bancada. Pero el espacio funciona de forma mucho más horizontal a la que el rionegrino estuvo acostumbrado durante sus años de conducción peronista. Sus formas, a veces demasiado verticalistas, suelen chocar con la heterogeneidad del bloque y el estilo “demasiado independiente” que ostentan sus miembros.

Monzó se encarga de amortiguar los golpes y Massot oficia como un representante de los gobernadores. Fein y Stolbizer tensan hacia la centroizquierda. Amagan con sacar un dictamen propio esta semana, si el que firma la mayoría del bloque no respeta algunos de los límites que piden. La rosarina, dos veces intendenta y de larga trayectoria en la provincia, hace valer sus votos propios en las discusiones. Pichetto intenta hacer equilibrio entre todos. En paralelo, el rionegrino mantiene, además, línea directa con Macri. Una relación que administra con prudencia para no irritar a sus socios abiertamente enemistados con el expresidente.

“Acá no hay jefes. Nos sentamos con el buen criterio de cada uno, autonomía e independencia y definimos. Los demás bloques tienen que consultar. Nosotros no”, se ufanan en el espacio. El funcionamiento colegiado quedó demostrado en las reuniones que tuvieron esta semana los referentes del espacio con los representantes del Gobierno en las negociaciones.

Las fuerzas del número
El presidente de la Cámara, Martín Menem, llamó a Pichetto a su despacho para tratar de encauzar las conversaciones. El riojano le tiene especial consideración al rionegrino, de relación histórica con el clan Menem. Su primo, Eduardo Lule Menem, pieza fundamental para la política de La Libertad Avanza, conoce a Pichetto desde hace décadas, por el trabajo en el Senado junto a Eduardo y Carlos Menem.

Durante la reunión, Menem estuvo acompañado por el ministro del Interior, Guillermo Francos, y el asesor presidencial Santiago Caputo, hombre de la mesa chica de Milei. Lule participó un rato. El rionegrino no fue solo. Llegó acompañado por Monzó, Massot, López, López Murphy, Florencio Randazzo y la salteña Pamela Calletti, presidenta del bloque Innovación Federal, que tiene un “acuerdo de cooperación parlamentaria” con Hacemos. El espacio comprende al Frente Renovador de la Concordia (Misiones), Juntos Somos Río Negro (Río Negro), Comunidad (Neuquén), y tres diputados por Salta. Suma 9 bancas.

Funcionan casi como un interbloque de 32 legisladores, con espíritu eminentemente federal. El oficialismo los necesita. LLA tiene apenas 38 diputados. Si contara con el apoyo de todo el bloque PRO – el más dispuesto a votar, con el oficialismo, por orden de Macri – sumaría solo 75 voluntades. Por eso es determinante la posición que adoptarán la UCR - que tiene 34 legisladores, divididos entre halcones y palomas-, y el bloque de Pichetto, que hizo pesar su experiencia para convertirse en la pieza clave de Diputados. El centro, dicen hacia el interior de la bancada, no es solo ideológico, sino que también refiere al equilibrio físico que ejerce en el recinto.

El del jueves en Diputados fue el primer encuentro, desde el inicio de la gestión Milei, en el que LLA dio señales de que estaba dispuesto a negociar para sacar la ley. Caputo tomó nota de las demandas y los pedidos de cambio. Según la mayoría de los presentes, el asesor presidencial sufrió en la conversación por su desconocimiento absoluto de las materias en discusión, que quedó al descubierto en varios pasajes. Pero ofició como enviado directo de Milei, como si el Presidente confiara más en su relato posterior de la situación que en la comunicación de los representantes de “la casta política”, Francos y Menem.

Tras el encuentro, la Casa Rosada dejó trascender su predisposición a introducir cambios en el proyecto. “Hubo una comprensión del Gobierno de que, para llevarse lo urgente y lo importante y que sea duradero en el tiempo, no tienen que descansar en las fuerzas del cielo, sino en las fuerzas del número y la mayoría”, señaló Massot en LN+. Hasta el momento, el Ejecutivo no envió el borrador con los cambios que el Presidente estaría dispuesto a aceptar.

La presión del 24
Mientras el centro negocia, el peronismo proyecta una adhesión masiva al paro general y la marcha del miércoles 24. Quiere que la contundencia sirva para “darle valor al Congreso”, según dijo el viernes el cosecretario general, Héctor Daer, a oponerse a la ley ómnibus y al polémico decreto de necesidad y urgencia 70/23.

Además de las reuniones con UP, la CGT mantuvo encuentros en los últimos días con Pichetto, integrantes del bloque Innovación Federal, parte del radicalismo y la izquierda. Intentó, sin éxito, que el rionegrino levantara el perfil y se erigiera como articulador del rechazo a los dos textos legales. En paralelo, las representaciones regionales de la central sindical, hicieron contacto con los diputados de diferentes espacios en las provincias, donde la presión ciudadana se siente más de cerca.

La presión no será solo local. Esta semana, la CGT, la CTA y la CTA Autónoma tuvieron reuniones virtuales con la Confederación Sindical Internacional (CSI) y la Confederación Sindical de las Américas (CSA) para tratar el tema de la afectación a los derechos laborales por parte del gobierno de Milei. Participaron más de 130 centrales sindicales de todo el mundo, que expresaron su “solidaridad” con los gremios locales. El miércoles también habrá marchas en Italia, España, Alemania y países de América Latina en protesta contra la ley ómnibus y el DNU de Milei.

Con informacion de Letra P.

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