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La ira de Javier Milei tiene el mismo límite que el bolsillo de los argentinos

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Javier Milei había logrado en la sanción general de la ley ómnibus mucho más que lo que cualquier actor clásico de la política hubiera imaginado. El proyecto, aunque mermado y hachado seguía otorgándole al Poder Ejecutivo una delegación de facultades que muchos otros presidentes hubieran soñado, sobre todo teniendo solo 38 almas en la Cámara de Diputados para defenderlos. De ahí que sea esencial guardar en la memoria la foto del momento en que el oficialismo decidió pedir la vuelta a comisión y con eso la muerte de la ley para poder comprender en el futuro otros movimientos del presidente libertario.

No existe aún coincidencia entre los protagonistas de ese día en el recinto de Diputados sobre la forma en que se tomó la decisión de frenar el tratamiento de la ley ómnibus. Un diputado esencial para la política de las últimas décadas le juró a MDZ que hubo una comunicación directa con Israel de un ministro del Gabinete nacional presente en ese momento en Diputados y que Javier Milei dio la orden en ese momento de retirar el proyecto.

Otra espada del libertario en el Congreso también le contó a MDZ una historia distinta, que habla de la independencia de quienes estaban negociando en la decisión de frenar todo ante la caída del número a favor en la votación en particular de los artículos que antecedían el tratamiento de las privatizaciones, tema central del proyecto.

Como sea, desde Israel, Javier Milei se adjudicó la decisión directa y partir de ese momento desató una tormenta de acusaciones, castigos y retos a los diputados y gobernadores. Hubo hasta mensajes en hebreo repitiendo momentos claves de la historia de Moisés que remitieron a a las amenazas más graves que lanzó el presidente sobre la política en general. Hasta algunos legisladores incluidos en la lista de los agradecimientos de Milei llegó a temer por su integridad política frente al impacto de la ira presidencial en la opinión pública.

Ese punto es precisamente sobre el que trabajó Javier Milei a la hora de repartir culpas y castigos a quienes le descuartizaron (según el pensamiento oficial) la ley ómnibus. El Gobierno cree, y algunas imágenes le dieron la razón, que los diputados dialoguistas y aliados que se habían opuesto solo a algunos artículos y que fueron acusados por Milei quedaron a merced de una opinión pública que mayoritariamente y sin piedad los castigó. Sobre esa base, el presidente aceleró y endureció sus críticas minuto a minuto con declaraciones desde Israel.

Esa creencia es la misma que lo liberó de todo freno a la hora de anunciar la quita de los subsidios al transporte en las provincias, una decisión que se tomó sin anuncio y de la mañana a la noche. Ese hachazo a los subsidios provinciales que se llevan solo el 15 % de la torta total de asistencia fue una venganza directa a los gobernadores por el fallo en la votación, un ejercicio que se agrava si se toman en cuenta algunos detalles.

Por lo pronto quien lleva adelante el recorte es el Secretario de Transporte, Franco Mogetta, que llegó al gabinete de Javier Milei junto con la tropa que acercó Juan Schiaretti. Mogetta, utilizando un giro criollo, quedó "colgando de los alambres" cuando Milei tomó la decisión de echar del Gobierno a otro cordobés, Osvaldo Giordano y a la salteña Flavia Royón, ambos por efecto de la traición de sus provincias.

En ese movimiento de Milei hay otro dato para no perder. El presidente descarga su ira sobre funcionarios casi recién estrenados por la decisión de Martín Llaryora de no apoyar los artículos en conflicto en la ley ómnibus, pero el arreglo de Milei con los cordobeses, donde en el balotaje obtuvo el 74% de los votos, no se cerró con el actual gobernador sino más bien con Schiaretti que hoy no está contento con la decisión que tomó su sucesor en la gobernación, por expresarlo en términos elegantes. Milei y Schiaretti están absolutamente al tanto del impacto de esta diferencia.

Javier Milei rompe con todos los gobernadores sin hacer distinción y hasta impacta en algunos que le fueron leales en la votación. El fuego sin límite que desplegó el presidente atemorizó hasta a los castigados: el llanto de Rodrigo de Loredo en la puerta de la Cámara de Diputados quizás sea una prueba de eso, pero nada indica que ese poder de Milei se mantenga por mucho tiempo.

Mientras todo esto sucedía la realidad se asentaba cada día con mas fuerza en la vida de los argentinos. La impiadosa inflación se registra en cada góndola y en febrero todas las mediciones, incluso la de CABA, indican que no será inferior a 20 %. Esa historia se repetirá en el costo de los servicios a los que aún les falta mucho recorrido para llegar a valores reales tras la mentira que vivieron los argentinos durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa, que retrasaron la actualización de tarifas ante su inutilidad para combatir la inflación.

El mismo impacto se ve en la suba de otros bienes como seguros, medicina prepaga que disparó otro aumento de 21 % en marzo y ya acumula más de 100% desde diciembre, educación, seguros y ni que hablar de impuestos inmobiliarios y patentes que tuvieron subas explosivas superiores en algunos casos a 300% en la provincia de Buenos Aires.

Para Milei ese es el desafío mayor que ahora tiene por delante: a muchos argentinos poco les importan los riesgos constitucionales de una fuerte delegación de facultades en el Poder Ejecutivo o que el presidente gobierne por DNU en lugar de esperar la sanción de leyes. La preocupación por llegar a mediados de mes se multiplica y la esperanza, aun en pie, es que el libertario logre bajar la inflación de una vez por todas.

Es un pensamiento mágico que tiene alternativas ventajosas para Milei, por la confianza que aún mantiene, pero que le pone un dead line que todavía no tiene fecha fija pero que realmente existe. La paciencia de los argentinos en el duro camino a la realidad que tienen por delante es un activo y un pasivo al mismo tiempo para el presidente.

En estos términos, reaparece Mauricio Macri tal como viene anticipando MDZ. La decisión, confirmada desde Israel, de avanzar en un armado conjunto con entre el PRO y Javier Milei puede ser un símbolo de fortaleza, si la fusión se lleva a cabo en términos pacíficos, pero muestra a las claras que el Gobierno no salió fortalecido del Congreso como pretende demostrar, sino en una situación de peligrosa debilidad.

Mauricio Macri se quedó en enero su casa de Cumelén, en Villa La Angostura, pero no de vacaciones. El expresidente estuvo mas activo que en ningún verano. Atendió a todos los que se acercaron y llamó a una lista de amigos clave. No todos pertenecen a la política; Macri se dedicó también a llamar personalmente a empresarios amigos. Fue una muestra clara de que no solo está tejiendo acuerdos internos, sino también tramando una red de contención ante una crisis política del Gobierno de Milei al que posiblemente pertenezca en poco tiempo.

Tras la crisis en el Congreso y con la presión de una gestión a la que le falta mucha acción, la recesión que golpea como nunca y muchas empresas en situación desesperante (sobre todo porque sigue la falta de insumos que impacto como nunca en el final de la era Sergio Massa) el Gobierno se ve obligado a resetearse.

No es la primera vez que lo hace Javier Milei tras las elecciones. El elenco económico que eligió el libertario fue bastante distinto al que imaginaron muchos. Ese giro, inclusive, tomo combustible de ideas que tenía en carpeta Patricia Bullrich, como la reforma de Federico Sturzenegger que se terminó transformando la ley ómnibus.

Bullrich esta apurada en avanzar en un acuerdo de fusión entre libertarios y el PRO. Macri es más cauto pero sabe que ese movimiento es inevitable. El rechazo de Milei a la política tradicional tuvo efecto en la campaña y podrá garantizarle aun apoyo popular de una mayoría que esta cansada de un sistema político argentino corrupto e ineficiente, pero no le sirve, por ahora, para gobernar.

Macri viene a cubrir ese flanco extremadamente débil que muestra Milei. La política es necesaria y el propio presidente libertario lo reconoce en los hechos. El despido de Giordano y Royón, además de ejecutar una venganza, libera casilleros para el Gabinete que viene.

El miércoles, tras los feriados, el carnaval y la cumbre con el papa Francisco, la realidad completa volverá a escena. Milei debe decidir cuanta cuerda le afloja a Mauricio Macri en la inevitable negociación para alumbrar un frente político con más sustento. Muchos radicales quedarán más lejos que nunca de la Casa Rosada, algunos peronistas también. Todo indica que no será un momento para contemplar solidaridades pasadas en Juntos por el Cambio. El giro viene y el tiempo se acaba.  

Con informacion de MDZOL.COM

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