El multiverso de Massa

ECONOMÍA Por Ariel Maciel
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El ministro de Economía, Sergio Massa, habita universos paralelos. Mientras elogia el crecimiento, le pone trabas a la profundización de los números positivos de la actividad económica. Sucede que la inflación es el problema central que eligió resolver el gabinete económico para lo que resta de la gestión y la dinámica de oferta-demanda no le jugó a favor, hasta el momento, porque le aceleró los índices de remarcación. Además, convive con las exigencias del FMI por achicar el déficit fiscal, meta que le permitirá, también, bajar el enloquecedor ritmo de los precios en las góndolas.

Con un buen psicólogo, el problema podría solucionarse, pero la falta de dólares en las reservas del Banco Central, la brecha cambiaria ensanchadísima (no importa cuando eso sea leído), los peligros de la devaluación descontrolada y las “traiciones” al modelo de parte de algunos actores económicos que remarcan sin ton ni son llevan a Massa a ser “este hombre enreverado”, como dice Fito Páez.

A la espera del índice de actividad económica de agosto, este martes el INDEC mostró que la capacidad instalada de la industria todavía seguía encendida en el octavo mes del año, con un crecimiento del 0,4% ante julio y de 5,1% interanual, aunque los números oficiales son más optimistas que los relevamientos de los privados. Para la Unión Industrial Argentina (UIA), en ese mes ya se pueden verificar las primeras evidencias de una “recesión suave” que tendrá el sector en el segundo semestre. 

Sin dólares por la SIRA
Con los números a favor, el team Massa piensa en sostener la actividad positiva para generar puestos de trabajo, a sabiendas de que falta mucho para la recuperación total de los empleos perdidos en la recesión macrista, primero, y en la pandemia, después. Sin embargo, las entidades industriales encendieron todas las luces rojas antes de chocar con una realidad que las puede devolver a tiempos de achique e, incluso, de cierres, como alertaron fuentes de la UIA a Letra P.

El lunes pasado debutó el nuevo sistema de importaciones, denominado SIRA, que reemplaza a las SIMI, y las empresas pusieron el grito en el cielo. “Esto es un quilombazo”, graficó un integrante de la mesa chica de la UIA. El problema es que se abrió un “limbo” entre el cierre de las operaciones de SIMI y la formal puesta en marcha del nuevo sistema, ya que no habrá liberación del grueso de los dólares hasta dentro de 60 días, cuando empiece la trazabilidad prepactada que anunció Massa.

Estas trabas de hecho a las importaciones, que prometen impactar en la actividad de las fábricas y recortar horas extras, redundará en la caída del consumo y, a la vez, le permitirá al BCRA recuperar terreno en el margen comprador de divisas -este martes, la entidad sumó la segunda jornada al hilo como comprador de 44 millones de dólares-.

“El nuevo sistema de autorización para acceder al mercado volvió a comprimir la demanda de dólares y permitió que la autoridad monetaria absorbiera el exceso disponible en la rueda de hoy”, comentó Gustavo Quintana, agente de PR Corredores de Cambio.

Dólar-góndola y el team enamorado
El equipo que lidera Massa mostró rasgos de enamoradizo. La fórmula del éxito del dólar-soja para pescar divisas estadounidenses, que le permitió llevarle agua al desierto del BCRA, puede ser usada de la misma manera, pero para contener los precios. Al menos así lo cree el secretario de Comercio, Matías Tombolini, que anduvo ofreciendo el dólar-góndola, por cuanta reunión tuvo, para intentar conseguir un consenso mayoritario que le permita poner en funcionamiento, más temprano que tarde, un acuerdo de congelamiento de precios, pero sin decir la palabra compulsivo. “Éstos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”, decía el escritor y humorista Groucho Marx, muy de moda en el plantel del hincha de Tigre, que prometió el tipo de cambio diferencial a contrapartida del cese de remarcaciones, aunque no descartó aplicar otras medidas que le propongan las entidades con tal de frenar la inflación.

En el quinto piso del Palacio de Hacienda piensan que la zanahoria sólo se come con garrote. Si las remarcaciones se intensifican -el rumor de anuncios de acuerdos obligados disparó precios e impactará en el IPC de octubre-, habrá liberación de importaciones, lo que afectará el plan oficial de sustitución que buscaba generar más empleo y bajar los costos de la importación de inflación mundial. Massa buscará una alternativa media entre las "libertades" que daba el exministro Martín Guzmán y los "aprietes" que aplicaba el exsecretario de Comercio Interior Roberto Feletti, que representaba la visión de Cristina Fernández de Kirchner.

Mientras tanto, el titular del Palacio de Hacienda volvió a hacer eje en el anuncio de la elevación del piso de Ganancias, que beneficiará a 380.000 personas, en un acto que realizó en Santiago del Estero junto al gobernador local, Gerardo Zamora. En su traje del Señor de los Alivios, respondió al reclamo que él mismo supo llevar de bandera cuando era diputado y el ministro “ajustador” era Guzmán.

Massa insiste en decir que su meta está puesta en la gestión del día a día para darle esperanzas de competitividad al Frente de Todos en las elecciones presidenciales del año próximo. Su anuncio federal, junto a un gobernador y con “buenas noticias” para la clase trabajadora, elevan su perfil presidencialista, aunque sin necesidad de confesión. Multivero, que le dicen.

Fuente: letra p

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