Jefa de Policía de Córdoba: "Siento "vergüenza" por la actuación de los uniformados"

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Cuando ve estos videos, ¿usted qué siente?”, preguntó punzante el abogado querellante Alejandro Pérez Moreno en la sala de audiencias de la Cámara 8ª del Crimen de Córdoba.

Instantes antes habían sido proyectadas las filmaciones de las cámaras de los patrulleros, donde se veía a una decena de policías sin hacer nada para salvar al agonizante Valentino Blas Correas (17), la jefa de la Policía de Córdoba no dejó de ser sincera: “Siento vergüenza”.

Luego, el abogado le preguntó a la comisaria general Liliana Zárate Belletti si la fuerza de seguridad no había cometido violencia institucional, algo que la testigo no compartió.

Por eso, el querellante insistió.

Enumeró que se emplearon dos armas de la repartición para disparar contra el auto en el que viajaban cinco jóvenes indefensos, se dispusieron numerosos vehículos y otros medios para montar un “operativo” de encubrimiento y que un grupo de uniformados no asistió a la víctima mientras estaba muriendo.

Ante eso, la jefa la pidió disculpas a la madre de Blas Correas y dijo que sintió vergüenza ante el accionar de los subordinados.

Teniendo en cuenta el empleo de todos esos recursos humanos e institucionales y de lo que acababa de reconocer, Pérez Moreno volvió a preguntar y la respuesta salió sin dudar: “Sí, hubo violencia institucional”. En la sala, silencio absoluto.

TESTIMONIO SÓLIDO
Vestida “de civil”, con pantalón y saco color borravino, la titular de una tropa de más de 20 mil hombres y mujeres pareció marcar otra impronta al policía tradicional.

Podrán decirse muchas cosas del testimonio de Zárate Belletti, pero todos reconocen que su palabra no dejó mayores dudas.

Fue sólida en sus respuestas, con solvencia sobre el funcionamiento de la dependencia y los deberes de los funcionarios; fue franca, cuando debió admitir errores; y también lució sincera a la hora de reconocer que hay cosas que deben cambiar.

Lejos de un remanido espíritu corporativo y negador, la máxima autoridad de la Policía lució más humana que muchos otros funcionarios durante más de dos años de proceso judicial que se viene ventilando desde aquella trágica madrugada del 6 de agosto de 2020 en Córdoba.

Zárate Belletti tenía 50 años cuando asumió el sillón de mando de la Jefatura de la Policía.

Según explicó al sentarse en la banca de testigos, hasta la noche del asesinato de Blas, era directora general de Recursos Humanos (desde diciembre 2019).

Al día siguiente del crimen, el 7 de agosto de 2020, fue nombrada directora general de Seguridad Capital.

Poco después, el 31 octubre de ese mismo año llegaron los cambios a la cúpula policial y fue ungida finalmente como jefa, en reemplazo del desplazado Gustavo Vélez.

Ante las consultas de las partes, la funcionaria policial explicó pormenores de la estructura jerárquica, su funcionamiento, la cadena de mando, los planes de estudios de escuela de suboficiales y la de oficiales.

También se refirió a nociones de destreza, técnicas de tiro, entrenamiento, condiciones físicas y etapas de capacitación continua.

Precisamente sobre práctica de tiro fue interrogada en particular sobre lo actuado por el cabo 1° Javier Alarcón (uno de los que disparó contra el auto), quien aquel 2020 reprobó el primer turno del curso de armas.

Por eso, debía ser convocado por segunda vez el 16 agosto, pero ya estaba detenido por el crimen.

Lo mismo pasó cuando lo citaron por tercera vez y se decidió retirarle el arma.

Sobre el control vehicular, Zárate Belletti aclaró -una vez más, como lo especificó en la primera audiencia del fiscal Fernando López Villagra- que hay un protocolo policial de control vehicular que, además de prohibir disparar a quien lo evade, indica que los uniformados deben estar con el arma enfundada, siempre.

Aclaró la jefa que, a la distancia, puede haber un efectivo de respaldo con arma larga.

Por si hiciera falta, explicó que cuando hay inminente riesgo de vida (propio o ajeno) sólo se puede desenfundar el arma.

La máxima autoridad policial se refirió al principal acusado del homicidio, el cabo 1° Lucas Damián Gómez y explicó que no se debe disparar a un vehículo en movimiento, sino realizar un operativo cerrojo.

Sobre la espera de Gómez con el arma desenfundada, dijo: “Tiene que haber una amenaza para entrar en la acción”. Luego, señaló que si la información que tenía es que había personas armadas, primero debe establecer si está armada.

Al respecto, aclaró que “en este caso, no había ningún riesgo”. Más adelante, aseguró: “No es lo que se les enseña en la formación policial”.

Para más datos, Zárate Belletti dijo que si “no se visualiza a ninguna persona con arma, no se debe disparar a un automóvil en fuga, sino que se debe realizar un operativo cerrojo”.

En ese momento añadió que “seguramente hay para mejorar, para cambiar”.

VIDEO DE LA VERGÜENZA
Cuando se proyectó el video de la actuación policial en Chacabuco y Corrientes, la comisaria dijo que el superior de turno de la guardia central, en la Jefatura, recepta los pedidos de acompañamiento a las víctimas.

“Nada de lo que está pasando ahí está bien”, comentó Zárate Belletti en referencia a las imágenes.

Dio a entender que en la escena falta organización y que cada uno debería estar cumpliendo un rol.

Por si hiciera falta, añadió que “la prioridad es la organización y la vida de las personas”, además de “contener a las víctimas”.

La testigo enumeró lo que debería haberse hecho: “Hay una cuestión de humanización, que tiene que ver con el trato a una mamá, a las víctimas, hay que contener, llamar a un psicólogo, dar información”.

Relató lo que le ocurrió al asumir: “Mi hija Belén me preguntó si había visto a la mamá de Blas (Soledad Laciar) y me dijo que la tenía que ver. Sentí que no podía hacerme de un cargo nuevo sin primero ir como mamá y por lo que mi hija me hizo ver, sentí que yo debía ir, ponerme a disposición y pedir disculpas”.

“NO HUBO OCULTAMIENTO”
Tras responderle a Pérez Moreno que sentía “vergüenza” por el accionar policial de esos policías, la jefa reconoció que “hubo un conjunto de policías que no han respetado las normas penales ni administrativas vigentes”.

También dijo que todo el personal policial que estaba enterado del acto ilegal de plantar un arma “debería haber informado” la irregularidad.

Con relación a lo que le tocó realizar, explicó que aportaron todas las pruebas, la institución estuvo al servicio del proceso de investigación y a favor del esclarecimiento. “No hubo ocultamiento”, aseguró la jefa.

En otro pasaje de la audiencia, se exhibió el video del patrullero en el que viajaba la dupla Alarcón - Wanda Esquivel, en el que alcanza a apreciarse cuando arrojan el arma en la vereda del frente de la plaza de las Américas, cerca del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) y del avión.

Las imágenes no hacen más que confirmar lo que los propios actores ya confesaron: la agente Esquivel dijo durante la instrucción que Alarcón le dio el revólver y que le ordenó arrojarlo, mientras que el cabo 1° pidió ampliar su declaración en el juicio y aceptó que el Doberman 22 era de él y que lo llevaba en al patrullero.

Este jueves, a partir de las 14, continuará el juicio con la 14ª audiencia, con el interrogatorio a una operadora del call center de la Jefatura que inició su testimonio al cerrar la sesión del miércoles.

Fuente: La Voz del Interior, sobre una nota del periodista Francisco Panero

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