El riesgo que implica las tasas altas para la inflación y la economía en la Argentina

ECONOMÍA Por Federico Vacalebre
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La tasa de inflación continúa con una tendencia alcista y con impactos sociales negativos, ya que es intrínseca a la política económica. No se va a revertir si no se cambia de estrategia ni de diagnóstico. Concretamente, hay que moderar el gasto público para evitar la masiva emisión monetaria. 

En septiembre de este año, la inflación fue de 6,2%. Dado que desde marzo se viene observando tasas en el orden del 6%, la proyección llega al 100% anual. Esta dinámica de los precios tiene impactos negativos sobre el funcionamiento de la economía en general, y, particularmente, en la situación social. En este contexto no sorprende que los sindicatos planteen demandas salariales de ese orden. Casos paradigmáticos son las negociaciones salariales en el sector de neumáticos y camioneros. Los otros sindicatos también adoptan estrategias similares. Es normal que se negocie adelantar la aplicación de aumentos ya acordados y establecer revisiones periódicas a los fines de ajustar los aumentos en función de la dinámica. Muy diferente es la situación para los trabajadores informales.

A partir de ciertos datos, publicados por el Ministerio de Trabajo y el INDEC, es posible cuantificar el impacto de la inflación sobre los ingresos de los trabajadores. Y contemplando los 9 meses que van del 2022, se proyecta que los precios al consumidor subieron un 66%; los salarios de los trabajadores registrados subieron 57%, lo que implica una caída de salario real del 6% y los salarios de los trabajadores informales subieron solo un 41%, lo que implica una caída del salario real del 15%. A las claras la inflación viene produciendo un generalizado deterioro de las remuneraciones y el fenómeno si bien es importante en el segmento de los trabajadores formales, lo es mucho más entre los informales. Hay que considerar que, en el mercado laboral, la mitad de los ocupados son informales, ya sea como asalariado no registrado o como cuentapropista. Esto explica la incidencia de la pobreza, porque el trabajo informal es la principal fuente de ingresos de las familias más vulnerables.

La inflación es intrínseca a la política económica de la gestión. El Estado tiene un exceso de gasto sobre sus ingresos que no logra cubrir con deuda captada. Esto genera una emisión monetaria que, al no ser demandada por la población, termina presionando sobre el sistema de precios. Y se apela a moderar el impacto de la emisión sobre los precios utilizando las Leliq del BCRA. Otra de las decisiones es retrasar el tipo de cambio. En lo que va del 2022, el dólar oficial aumentó solo un 50%. Esto hace que haya mucha presión sobre las reservas del BCRA. Las divisas ingresadas gracias al “dólar-soja” ya se consumieron, y el “dólar-Qatar” o el “dólar-Coldplay” surgen como un nuevo atajo. La decisión de no actualizar las tarifas de energía va en la misma línea de inconsistencias. La parte de los costos que no se cubre con tarifa se paga con subsidios fiscales financiados con emisión.

La caída en las reservas por el atraso cambiario, el aumento en los subsidios por el atraso tarifario y el incremento en los intereses de las Leliq demuestran la falta de robustez en las políticas que se vienen aplicando. Dado esto, no hay fundamento alguno para esperar que en los próximos meses la inflación ceda.

En síntesis, con proyecciones por encima de los tres dígitos, el riesgo a una espiralización se vuelve mucho más latente de no tomar medidas de fondo. Lo que es particularmente riesgoso es la expansión de las Leliq que ya equivalen a dos veces la base monetaria.

Fuente: Clarin

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