El delirio inconstitucional de un ministro

POLÍTICA Por Félix Lonigro*
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Como si la Argentina transitara por la senda del desarrollo y la prosperidad económica de su pueblo, el ministro Wado de Pedro dijo que estaba trabajando en un “proyecto” para eliminar las elecciones “de medio término”, lo cual, claro está, significaría un significativo cambio en el esquema institucional de nuestro país.

 
En efecto, el pueblo vota presidente cada cuatro años y legisladores nacionales cada dos: en el caso de la Cámara de Diputados, el pueblo de todas las provincias renueva la mitad de los representantes que le corresponden; y en el caso del Senado, cada dos años el pueblo de ocho provincias vota a los tres senadores que a cada una de ellas representan, renovándose entonces un tercio de la Cámara. Y, así, del mismo modo, a los dos años vota el pueblo de otras ocho unidades federativas, renovando a otro tercio, y finalmente, dos años después, vota el pueblo de las otras ocho, renovando a otro tercio; y así sucesivamente.

Expuesto de otro modo, un ciudadano de una provincia cualquiera vota presidente y vice cada cuatro años, diputados nacionales cada dos y senadores cada seis.

 
Ahora bien, es la misma Constitución Nacional la que prevé que las cámaras legislativas -Diputados y Senado- se renueven cada dos años (Arts. 50 y 56 de la Constitución Nacional, respectivamente), motivo por el cual, o bien el ministro De Pedro está preparando un proyecto de Ley declarativo de necesidad de reforma constitucional (el que, para su sanción, necesitaría dos tercios de la totalidad de los miembros de cada Cámara, requiriéndose luego la convocatoria al pueblo para que elija a una Convención Constituyente que la realice), o bien está preparando un proyecto común y corriente, que sería claramente inconstitucional porque una ley no podría alterar el sistema de renovación de las Cámaras previsto en nuestra Ley Suprema.

Si la hipótesis fuera la primera, el Ministro debería haber tenido la responsabilidad de aclarar que el Gobierno trabaja en un proyecto de reforma constitucional, que ciertamente es delicado y complejo; pero si la hipótesis es la segunda, entonces llama la atención el nivel de ignorancia cívica e institucional de quienes proponen y trabajan en semejante delirio.

 
No estoy ponderando, en esta nota, si sería bueno o no que se eligieran legisladores nacionales cada cuatro años, uniéndose las elecciones legislativas y presidenciales sin renovaciones intermedias. Ello merecería un debate aparte; simplemente estoy poniendo de relieve que, para hacerlo, es necesario modificar nuestra Ley Fundamental, no pudiendo lograrse ese objetivo por medio de una ley del Congreso.

Y, por último, cabe preguntarse si el Presidente de la Nación está al tanto del “proyecto” en el que estaría “trabajando” el ministro De Pedro. Si no lo estuviera, el Ministro habrá dado una pincelada más en el “retrato” en el que se ha convertido la figura presidencial; si, en cambio, el Presidente conociera el proyecto de su ministro, la gravedad de la propuesta se amplificaría, por cuanto sería inadmisible que quien ha jurado “observar y hacer observar fielmente la Constitución Nacional”, avance en la elaboración de una norma que groseramente la viola, o permita que un colaborador suyo lo haga.

 
Propuestas de esta naturaleza ponen de manifiesto el desconcierto en el que está sumido el Gobierno Nacional, en el medio de una crisis política, institucional, social y económica pocas veces vividas en nuestro país.

 

 

* Para www.infobae.com
 

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