Los nuevos curiosos de Javier Milei

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En la transición política, el Círculo Rojo santafesino parece acoplarse a la curiosidad y hasta inclinación por Javier Milei que empieza a prevalecer en el mundo empresarial de peso de Buenos Aires. El batacazo en las PASO pareciera haber reconfigurado las pretensiones del establishment, sobre todo el vinculado a la agroexportación y finanzas, que se subió al cambio de orden político y económico que asoma por impulso del libertario, cuando hasta hace semanas lo tachaba de plano.

Tras la contundencia de las urnas, el círculo rojo no tardó en sentarse a escuchar con detenimiento el programa de Milei, llámese dolarización y salida del cepo, para no quedar en offside en un eventual futuro. Quedó en claro que la perplejidad no tiene lugar en el mundo de los negocios.
Al mismo tiempo, y con algo de complicidad, empezó a recibir algunas señales de cordura, de retracción del extremismo de las medidas que hasta empezaron a clasificarse en fases, incluso con el protagonismo en los medios de los economistas que lo rodean y son tolerables, llámese Roque Fernández, Carlos Rodríguez y Darío Epstein. Por ahora miran y miden, pero siguen con las dudas y los temores de siempre. No hay pleno en ese paño.


Se contó la semana pasada que en el corretaje de granos santafesino empezaron a oír música en las palabras de Milei cuando expone su programa, y algo de eso sucede en otros sectores de la cadena agroexportadora y de las finanzas. Por ejemplo, en una parte mayoritaria de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), donde en el poroteo electoral el libertario pica en punta en estas semanas, cuando antes de la elección no llenaba tantos casilleros.
Todavía es una etapa en que no se dice abiertamente, pero hay señales. Un industrial que asistió al aniversario 139° de la BCR de este viernes por noche, se asombró con la cantidad de empresarios y dirigentes santafesinos que compartieron su vuelo a media tarde de Aeroparque a Rosario: habían ido a escuchar a Milei al Consejo de las Américas y volado sobre la hora para el evento de la institución.
"Todos ahora prestan mas atención a Milei, quieren entender sus ideas, pero la mayoría le teme, porque no ven que sea una persona que logre gobernabilidad", pasó en limpio una fuente de la agroexportación. Hay una contradicción en este apoyo del momento: si algo persigue el círculo rojo es la defensa de intereses corporativos y Milei está en contra de ese tipo de hermandad.

¿Por qué?
Existe un ambiente de confusión producto del estado general de desorden político y del desgaste del sistema. Por eso, además de tener injerencia el efecto contagio de la victoria, Milei también prende en el sector por la simpleza de lo nuevo con un marco teórico, sin ser un outsider puro, lejos de lo tradicional y del cansancio que produce la política.

Incluso hay algo abstracto y hasta irracional a la hora de explicar las adhesiones al libertario. “Si pienso en el futuro de mi empresa, voto a Massa, pero la verdad que voy a votar a Milei”, fue el diálogo entre dos empresarios titulares de empresas de mucha espalda financiera.

Justamente ese tipo de comentarios desespera al candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa. “Les pido por favor, a ustedes que son gente seria, que por lo menos raspen un poquito cuando escuchen esas cosas (...) Les pido que tomen partido por sus empresas a la hora de hablar de proyecto de país", dijo casi como una plegaria en el Consejo de las Américas.

El fundamento de aquel empresario que votará a Milei por más que no le convenga a sus balances es que el sistema entero no da garantías, ni de seguridad, ni para los negocios. Lo curioso es que Patricia Bullrich ya no es la primera opción para combatir la delincuencia y aplicar orden.

El (des) acuerdo
Ahora bien, lo que parece cansar del sistema político es el alboroto. “Hace un año, desde este mismo lugar le pedíamos tanto a quienes estaban gobernando, como a quienes tenían aspiraciones de hacerlo, que ordenaran la política. Hoy miramos con asombro como pareciera que se está perdiendo hasta la capacidad de escucharnos y debatir”, sostuvo el presidente de la Bolsa, Miguel Simeoni ante un auditorio repleto como nunca.

Durante este año, entre discurso y discurso, no hubo ni acuerdo político, ni coalición al 70% como se sugirió entonces, incluso en el Consejo de las Américas del año pasado que también coincidió con el aniversario de la institución rosarina. Sí se sumó una tercera opción dispuesta a romper con “la casta” y con el consenso, y se terminó la grieta o bicoalicionismo. Es decir, parece haber menos chances de acuerdos ahora. A contramano con el discurso, la tribuna presente este viernes parece ya no apostar al acuerdo como salida.

El acto también demostró que el Gobierno ya no cuenta demasiado al sector santafesino agroexportador para sus cálculos al no enviar a ningún funcionario al acto al que habitualmente asiste. “Parece ser más importante un set de televisión que lo que proponemos acá. Hay que entenderlo al interior productivo, no solo caminarlo”, advirtió Simeoni. El gobernador Omar Perotti también disparó en esa dirección: “Todos los que dicen entender al interior están en una campaña en Capital Federal”.

El intendente de Rosario, Pablo Javkin, fue en la misma sintonía y le agregó condimento electoral al cuestionar, estratégicamente para esa tribuna, el proyecto que promueve el kirchnerismo de Canal Magdalena, una vía navegable alternativa de ingreso a la hidrovía. “Quieren un canal donde la riqueza no se genera. Creen que debemos mudar todo a Buenos Aires”, remató.

Quizás Milei sólo sea el instrumento que observan, al menos por ahora, para viabilizar un cambio en el orden del sistema económico, que retoque los cimientos y no sólo el tipo de cambio para lo comercial. Faltan dos meses para las generales, una eternidad para lo cambiante del proceso electoral.

Massa no espanta pero quedó sin gusto. Quizás debería demostrar que está decidido a realizar movimientos de placas tectónicas, aunque con el equilibrio justo para exponer lo peligroso del extremismo de Milei, para reconquistar a ese nicho empresarial que hasta hace semanas tenía convencido por su capacidad de gestión para salir de la crisis.

Ahora, esa cualidad parece no alcanzar porque justamente se impuso la idea de alguien dispuesto a hacer cambios profundos sea como sea. Bullrich propone hacerlos pero parece perder pisada, según coinciden, cuando habla de economía. El establishment parece perdonar las locuras antes que las pifiadas. En ese momento se está y el mundo empresario santafesino no escapa de ello.

Con informacion de Letra P.

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