Las velas que Alberto Fernández y el kirchnerismo encienden alrededor de Sergio Massa -

POLÍTICA Por Eduardo van der Kooy
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La novedad para el Gobierno, desde una óptica política, no fue solo el índice de inflación (6.3% en octubre, 88% en doce meses). También la exposición del viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, en el Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF). El funcionario admitió que la lucha para evitar el descontrol de la economía será diaria hasta la finalización del mandato de Alberto Fernández. A punto tal, que puso en duda que pueda llegar a cumplirse ciertas metas del Presupuesto y otros objetivos del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). 

La revelación de Rubinstein significa un trastorno para la planificación electoral del Frente de Todos. No habrá seguridad sobre ningún alivio colectivo tangible cuando arranque el año electoral. Se trataría de un escollo para aquellos que, lo manifiesten o no, están pensando en una competencia presidencial. Siempre, de todas formas, habrá alguien que se anime.

Entre ellos estaría aún Alberto Fernández. Su ambición reeleccionista lo mantiene aferrado a la idea que el oficialismo se someta a una votación interna y abierta para ungir candidatos. “Una excelente idea que tuvo Cristina”, ironizó. Hombres que conversaron con él después del trastorno de salud que tuvo en Bali confiaron que no hubo ninguna revisión de planes a raíz del incidente.

El mantenimiento de las PASO sigue siendo una hoja de ruta en contra de la corriente kirchnerista. Además, un reto implícito al operativo clamor “Cristina 2023” que se replicará el jueves en el acto por el Dia de la Militancia en La Plata. ¿Por qué razón? Sería no reconocer el liderazgo excluyente que la vicepresidenta supone ejercer. ¿Someterla a un examen electoral con adversarios internos que no serían de su talla? Impensable.

La incomodidad del kirchnerismo ante tal eventualidad salió a la luz por expresiones de Máximo Kirchner. El diputado insistió que el Presidente debería debatir con la mesa del Frente de Todos la conservación o no de las PASO. Explicó que se apartaría de tal discusión para no enrarecer el clima con Alberto. Evidencia de todo lo mal que está la relación entre ambos. Amplió aquel gesto de presunta generosidad cuando marcó a Emilio Pérsico como uno de los imprescindibles en el hipotético debate. Es cierto que los diputados del Movimiento Evita son de los que se oponen a la eliminación de las internas. No es menos cierto que la mención sucedió en una coyuntura extremadamente difícil.

En el Movimiento Evita sospechan que el escándalo por el pago de Planes Potenciar Trabajo a 2800 fallecidos y la filtración sobre la compra de dólares de muchos beneficiarios pudo haber sido detonado por el kirchnerismo. Las cosas nunca suelen ser lineales, más allá de la existencia de sospechas. La depuración del padrón fue requerida por Juan Zabaleta, el ex ministro de Desarrollo Social que regresó a su pago, Hurlingham, para lidiar contra La Cámpora. Dejó el sillón a Victoria Tolosa Paz. Llamó la atención, sin embargo, la presteza con que la Administración General de Ingresos Públicos (AFIP) se encargó de la revelación. El organismo es comandado desde agosto por el contador Carlos Castagneto, sucesor de Mercedes Marcó del Pont. Ex colaborador de Alicia Kirchner, cuya terminal política es el Instituto Patria.

Nadie supone que aquella mesa de debate que propone Máximo resultaría decisiva para sortear la encrucijada que enfrenta el oficialismo. Por una razón sencilla: el quiebre entre el Presidente y la vicepresidenta ni siquiera podría ser recompuesto por la llamada que efectuó este martes la dama para interesarse por la salud de Alberto.

Todas esas conjeturas sobre la competencia interna pierden consistencia ni bien se repara en el cuadro económico-social. Que aquel diagnóstico de Rubinstein envolvió de incertidumbre para el año que viene. “No hay ninguna chance de ser competitivos si la situación no mejora. Con Cristina o sin ella”, razonó un albertista que no forma parte de la delegación oficial en el exterior.

La expectativa oficial, no importa el bando, recae sobre la posibilidad de un descenso de la inflación. Lo demás podría esperar. Sergio Massa comunicó la semana pasada la puesta en marcha del plan “precios justos” para 1.800 productos. Una receta que nunca tuvo resultados duraderos. Aunque figura en las primeras líneas de la liturgia kirchnerista. Vale la pena volver a Rubinstein. El viceministro hizo hincapié en la necesidad de reducir el déficit fiscal y recortar el gasto público. Conoce de antemano que ese objetivo resultará difícil de cumplir en el año electoral. Traducido: los “precios justos” tranquilizarían una demanda política interna del kirchnerismo. Para que tengan efecto necesitaría de los complementos apuntados.

Las dificultades a la vista, tal vez, indujeron a Massa a apartarse prematuramente de la escena electoral. Pareciera un retroceso táctico. No definitivo. El ministro de Economía adujo planteos familiares por tantos años de exposición pública. Hizo hincapié en sus hijos. En el sufrimiento del grupo. Tan entendible como contradictorio cuando se detectan las pretensiones del otro soporte familiar. Malena Galmarini, titular de Aysa, no oculta el deseo de pelear por la intendencia de Tigre. Regenteada ahora por su ex amigo, Julio César Zamora.

Aquel retroceso de Massa podría modificarse si alguno de sus pronósticos llega a cumplirse. En especial, la promesa de una inflación mensual del 4% a partir de mayo. El regreso a la arena electoral del ministro de Economía resolvería varias cosas de manera casi simultánea. Sería una señal, en el plano económico, de que algo cambió. Liberaría a Alberto, tal vez, de su empeño reeleccionista. Sin que signifique cancelar las PASO. Abriría una hendija en el hermético sistema de alianzas de Cristina Fernández, circunscripto al núcleo que le obedece como una feligresía.

La vicepresidenta y el kirchnerismo ponen de ejemplo con frecuencia lo que acaba de suceder en Brasil. El regreso de Lula como presidente electo, luego de una acusación de corrupción y encarcelamiento, se produjo cuando el Tribunal Supremo opinó que había sido juzgado en un distrito equivocado. Por el renombrado juez Sergio Moro, próximo senador. Esa fue solo una cara de la victoria. La otra resultaría más compleja.

Para triunfar por menos de dos puntos sobre Jair Bolsonaro, el líder del PT pactó con el centro político (Fernando Henrique Cardoso) y con la derecha. Su vice será el ex gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin. Nada menos. ¿Cómo articularía Cristina un esquema parecido? Una síntesis en escala intensamente reducida podría ser la figura de Massa.

Sin ese recurso, las posibilidades expansivas del kirchnerismo quedarían condicionadas a la izquierda dura. Se comprende por qué razón tantas velas arden ahora mismo en torno a la figura del ministro de Economía.

Fuente: Clarin

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