Alta Gracia: Torres arrasó y aseguró su influencia en el Partido Cordobés de Martín Llaryora

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Marcos Torres Lima consiguió su reelección en la ciudad de Alta Gracia, ubicada a 35 kilómetros de la ciudad de Córdoba. Con el 94% de las mesas escrutadas, el intendente oficialista sacó el 57,32% de los votos y mantiene su lugar en el diezmado grupo de intendencias peronistas en un año electoral que deja a Juntos por el Cambio fortalecido en el interior provincial.

En el segundo lugar de la tabla se ubicó la radical Amalia Vagni (Alta Gracia Cambia), con el 19,22% los votos; y, en el tercero, Ricardo González (Juntos por Alta Gracia) con el 10,05% de las adhesiones.
El gobernador Juan Schiaretti iba a ser de la partida, pero decidió enviar a la primera línea de su staff de gobierno para acompañar a un dirigente de su riñón. "Seguiremos articulando y trabajando en equipo con la ciudad del Tajamar, impulsando las obras que hacen al desarrollo y los programas que permiten estar cerca de cada ciudadano", el copy paste de otros saludos de la noche, como al ganador de Las Varillas.


Torres Lima no dudó de sus posibilidades durante la campaña. Sabía que la atomización opositora en siete listas simplificaba la tarea, pero la tranquilidad llegó con la confirmación de que Walter Saieg, peronista de la vieja guardia delasotista, en las filas de Unión por la Patria, depondría su candidatura.
La confianza de Torres era tal que, a su mesa chica, decía que era “una pena” que Saieg no se animara a medir fuerzas. Esa eventual participación le ayudaría a reforzar la identidad antikichnerista. En definitiva, podrían demostrar que ese peronismo alineado con la Casa Rosada no estaba en sus filas, en especial, después de que Sergio Massa elogiara al abogado que comandará los destinos de Alta Gracia por cuatro años más.
Si bien la ciudad no estuvo en zona de riesgo para el PJ de la provincia, un porcentaje contundente era el principal desvelo de Torres Lima para sus planes a futuro. En 2019, logró suceder a su hermano mayor, Facundo Torres Lima, al imponerse por sólo 756 votos al radical Leandro Morer.

Desde ese domingo electoral, el intendente logró consolidar una identidad de gestión, con altos niveles de aprobación. Sin embargo, durante estos cuatro años compartió el protagonismo político con su consanguíneo, quien esperaba también un resultado resonante para impulsar sus chances de integrar el gabinete de Llaryora desde el 10 de diciembre.

Cabe recordar que Facundo Torres se desempeñó como ministro de gobierno de Schiaretti hasta septiembre de 2022. Fue reubicado a la cartera de Empleo como parte de una reingeniería de gabinete. En aquella oportunidad, la presión social por los casos de gatillo fácil impactó en la suerte del responsable de Seguridad, Alfonso Mosquera. Con su salida, el gobernador hizo varios enroques como respuesta directa a la crisis interna.

Independientemente de los nuevos términos de convivencia política que definan los hermanos Torres, el peronismo de Alta Gracia buscará incidir en la rosca que tendrá a Llaryora como la voz cantante.

Mirada crítica
Marcos Torres es una voz crítica a los desequilibrios que supone la política transversal del cordobesismo. En otros términos, está convencido de que el interior necesita de líderes fuertes en el marco de una Legislatura en empate con la oposición y, específicamente, con Juntos por el Cambio revigorizado con la avanzada en varias localidades otrora justicialistas.

El mapa electoral empieza a completarse y el hombre de la ciudad del Tajamar ya sabe que tendrá una posición vinculante en el peronismo que viene.

Sexta en el ranking de las ciudades más pobladas, el gobernador electo, Martín Llaryora, también esperaba este resultado contundente y sabe que la relación con los peronistas fortalecidos por los procesos electorales es una etapa que no podrá saltarse. El sucesor de Schiaretti conoce -incluso experimentó en carne propia- el enojo del municipalismo por la suspensión de la re reelección y la entrega de mayores recursos a aquellas referencias de la oposición de vínculo fluido con el cordobesismo. Torres es uno de los que sostiene es que hay que volver a mimar al intendentismo oficialista.

En adelante, la atención se concentrará en las dos siguientes postas electorales: Villa María, el 1 de octubre, donde el PJ concurre unido tras el acuerdo entre Martín Gill y Eduardo Accastello; y Río Cuarto, el año que viene, con otro “compañero”, Juan Manuel Llamosas, ordenando la sucesión.

Si no hay sorpresas, el PJ controlará de manera directa cinco de las seis ciudades más habitadas de la provincia, con excepción de Villa Carlos Paz, a cargo de un aliado del cordobesismo, Esteban Avilés.

Oposición minimizada
En Juntos por el Cambio explicaron el resultado bajo el paraguas de la baja participación, que orilló el 58% con un padrón de 46 mil personas habilitadas para votar. “Vemos que la gente no quiere participar, es una postura política”, aseguró Ignacio Sala, referente territorial del PRO en el departamento Santa María, que felicitó a su candidato, que quedó tercero.

La boina blanca Amalia Vagni fue cáustica sobre el trabajo de la UCR en la elección: “Evidentemente jugaron afuera, pero no quiero pasar facturas ahora. Me duele más la cantidad de gente que no fue a votar que la derrota”.

La UCR sufrió una caída histórica. Torres Lima no sólo les arrebató el récord al ser el candidato más votado desde la recuperación de la democracia, sino que la brecha que los separa del oficialismo es abrupta. En concreto, desde diciembre, de cuatro lugares en el Concejo que tenía el centenario partido, la representación quedará reducida a dos escaños.

Con informacion de Letra P.

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