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OnlyFans, la industria porno de la nueva era: la experiencia de creadores de contenidos

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La foto de un pie. De una oreja. Un video de una mujer acariciándose la nariz. Un audio en el que un hombre es humillado por el tamaño de su pene y reducido a la servidumbre. Un video de una chica masturbándose. Una foto sexi de un chico en el baño de un hotel. Una persona penetrando a otra. Una foto de una chica cubierta de joyas y ropa cara en un café. El contenido pago en OnlyFans –la plataforma inglesa en pleno auge, creada en 2016, que en la actualidad ostenta más de 100 millones de suscriptores y supera el millón de creadores en todo el mundo– es variado.

Debido al gran rendimiento de la plataforma, donde se encuentran los cuerpos, la sexualidad y la tecnología, circulan diferentes discursos, mitos y creencias. Se despliegan entonces los interrogantes en torno al trabajo que hoy lidera el ranking de fantasías: cómo funciona, cuánto se gana, cuánto trabajo implica, qué diferencia a OnlyFans del porno digital tradicional, cómo se construyen las subjetividades y las interacciones en este espacio contemporáneo tan encendido de socialización sexual.

DOS DOMINATRICES EN UN SINFÍN DE CATEGORÍAS SEXUALES
“¿Listo para tu tarea diaria, cerdito?”, es una frase de cabecera que María usó durante los cuatros meses que pasó en OnlyFans. Se dedicó a la dominación financiera, conocida como “findom”. Dice María: “Básicamente, es hacerme la linda y hacerles sentir a los sumisos que no valen nada y que su dinero me pertenece. Me tienen que pagar solo por existir. Trato de demostrar que ellos no valen nada y que me tienen que dar toda la plata. Mucha psiqui”.

María se tomó una tonelada de fotografías hipermaquillada, cubierta de joyas, bebiendo café. Su audiencia estaba compuesta un 80% por estadounidenses y un 20% por australianos y holandeses. Sobre la dinámica, explica que “mientras menos les respondas a los sumisos, más inalcanzable te sienten. La mayoría de ellos son varones cis con bastante poder y dinero en la vida real, y que necesitan no tener poder un rato”.

Dice que los sumisos le entregaban ambas cosas: plata y poder. María recibía los dólares en una cuenta bancaria vinculada a OnlyFans, requisito para el ingreso a la plataforma, como así también lo son la presentación del documento de identidad y la validación con una fotografía.

“Yo junté el objetivo que tenía en mente (U$S 20 mil en cuatro meses), y fue muy agotador; así que cuando llegué al objetivo, me dediqué de nuevo al marketing”, señala María. Aclara que de los U$S 20 mil que juntó en cuatro meses, U$S 13 mil se los dio una sola persona. Hay una tríada virtuosa que se da entre Twitter, Instagram y OnlyFans, pero María prefirió no usarla, y comenzar desde cero, es decir, no migrar y traccionar fans de una plataforma a la otra.

UNA MIRADA DESDE LA ANTROPOLOGÍA
Ezequiel Aguilera, licenciado en Antropología, quien investiga la plataforma en su tesis doctoral del Conicet/Idacor, reflexiona: “Muchas de las personas con las que yo hablaba planteaban a la plataforma desde un lugar superromantizado, como un espacio donde se ha democratizado el porno: cualquiera que tenga internet y una cámara de video puede filmarse, publicar un video y ganar dinero a partir de esto”.

 
Ese imaginario que comenzaba a circular en los inicios de la pandemia llamó su atención “porque a su vez veía como se iban generando ciertas jerarquías. Quién detentaba el capital sexual, qué cuerpos eran los que vendían más videos, qué tipo de performances eran más populares”, destaca Aguilera.

En OnlyFans la mercancía es el capital corporal y no queda fuera de la lógica capitalista. Señala Nick Srnicek en Capitalismo de plataformas: “Como trabajadores, vamos a ser liberados de las restricciones de una carrera permanente y se nos va a dar la oportunidad de hacer nuestro propio camino vendiendo los bienes y servicios que queramos ofrecer. Como consumidores, se nos presenta una cornucopia de servicios on-demand y la promesa de una red de dispositivos conectados que nos satisfagan hasta el más mínimo antojo”.

Como tenía el pelo colorado, María se publicitó como pelirroja y se catalogó como chica irlandesa. Al principio, le dedicó muchas horas por día; y luego, menos. Hacia el final de su paso por OnlyFans, María tenía cuatro o cinco clientes fieles. Eran suficientes para ella. Pero María no desembarcó sola en OnlyFans, sino que lo hizo de la mano de Millie –@milliesugarx–, 26 años, quien brinda un curso que funciona como guía.

Millie también humilla, se dedica a la dominación femenina conocida como “fendom”. Para especializarse, señala que estudió durante un año la plataforma a través de videos en YouTube, y estuvo en grupos de mujeres en WhatsApp y en Telegram. Aprendió sobre fetiches, formas de hablar con los usuarios y el uso de aplicaciones para migrar suscriptores.

Dejó su marca de lencería y se dedicó exclusivamente a OnlyFans, que cobra un 20% de las ganancias a sus creadores. El primer mes con sus nuevos conocimientos –tras una incursión pasada donde ganaba U$S 500–, ganó U$S 3 mil y no paró más. “Todo puede ser un fetiche. No hay limitaciones en cuerpos, edades, personalidades. La diversidad es muy buena. Todos son atributos”, resalta Millie. Sus clientes son de Estados Unidos y de Europa.

“Hay en OnlyFans espacio para una diversidad de corporalidades y de prácticas sexuales, aunque también están limitadas por las reglas propias de la plataforma”, destaca Aguilera. Consumo de drogas, heces, prácticas que puedan considerarse violentas, prácticas BDSM en general, no se pueden mostrar durante los videos. Dice Aguilera que estas cuestiones son cruciales para pensar las prácticas sexuales, cómo se van normando y construyendo esas reglas, qué se termina volviendo más popular y qué no.

Sobre la protección del contenido que sube –aspecto que OnlyFans destaca frente a otras plataformas de contenido pornográfico, al asegurar que trabajan sobre medidas de seguridad más fuertes para evitar la piratería–, Millie expresa: “Creo que acá (Argentina) todavía no generamos un respeto hacia la sexualidad virtual, tampoco por el trabajo sexual. Lo que suele pasar acá es que se filtra el contenido”.

Durante la pandemia, en un mar de profundo desempleo, la plataforma creció brutalmente –en un año las ganancias pasaron de U$S 61 millones a U$S 433 millones–, y fue la plataforma donde muchos creadores pudieron ejercer el trabajo sexual. En 2021 dieron efímeramente marcha atrás sobre el contenido explícito, debido a un conflicto en torno a la moderación sobre el contenido ilegal, y después volvieron a permitirlo.

Otro aspecto que diferencia a OnlyFans de otras webs del netporn es que quienes crean contenido pueden ponerle el precio que desean a lo que hacen: no hay un tope. Explica Millie que “dentro de Only podés ganar plata por suscripciones –la persona se suscribe a tu página, podés dejar alguna promoción fija–, después pueden hablarte por un chat privado, muy similar al de Instagram, donde podés enviar textos, audios y videos. Podés cobrar todo, ponés el precio y mandás bloqueado; si pagan, pueden ver”.

Cuenta MIllie que otra forma es que pueden darte una propina por adelantado, donde te piden algo específico, por ejemplo, que menciones su nombre. Una esfera mucho más íntima, y aquí entramos en otro universo.

EL MERCADO SEXUAL “ONLINE”: DISCURSOS E INTIMIDAD
“El primer mes, empecé con nudes más cuidadas; y después cuando vi que era redituable, empecé a subir videos masturbándome”, dice Maxi Tassi, quien hoy tiene 500 suscriptores en su cuenta de OnlyFans, que ya tiene dos años de trayectoria.

Maxi explica que “un mes puede darte mucho dinero –a veces, U$S 800; otras, U$S 2 mil–, y otro no, depende de lo que hagas y de que generes tu nicho de fans”. Refuerza que “depende a lo que vos quieras llegar, en este momento yo no colaboro, pero si te juntás con otra persona, te da más dinero, se difunde más”. Hoy tiene un community manager que colabora con su trabajo en Twitter, fundamental para difundir su OnlyFans allí.

Aguilera, enfocado en el estudio del trabajo que realizan los varones en OnlyFans, señala que “muchos de los chicos me dicen que no solamente satisfacen deseos sexuales de las personas, sino también algunas necesidades afectivas. Resulta interesante pensar cuál es el lugar que les damos a la pornografía y a los vínculos en el contexto contemporáneo”.

Explica Aguilera que “en OnlyFans hay un acercamiento muy particular. Venden sentirse más cerca de la persona, quien puede ver lo que hacen, qué comen, dónde entrenan, dónde se van de viaje, un acceso a la vida de una forma más integral, donde se puede pagar por una interacción de tú a tú”. Por ejemplo, a Maxi le han pedido por privado que mande un video masturbándose mientras dice el nombre de la persona. Intimidad. Dame más.

No, la versión móvil no tiene contenido explícito. Sí, como en el resto de las plataformas de contenido pornográfico, en OnlyFans hay categorías para todos los gustos y se reproducen las mismas lógicas machistas que en la industria tradicional del porno. No siempre se trata de deseo, se tiene un OnlyFans por necesidad. Como cualquier trabajo, requiere tiempo y dedicación. Hay competencia, hay colaboración. No hay riqueza inmediata: los casos son excepcionales y generalmente son personas con una base de fans previa descomunal. Fans que mueren por ver a sus ídolos haciendo cualquier cosa. Intimidad. Dame más.

Fuente: La Voz 

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